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jueves, 16 de octubre de 2014

Experiencia Personal - Hector Buelna: Maratón de Chicago - 12 de Octubre del 2014.

 La magia del Maratón.

La Torre de Babel
Aún estaba algo oscura esa fría mañana. Me quedaba el punto de reunión en el Grant Park a casi 3 kilómetros. Entre caminatas y trotes tenía que llegar, a como había memorizado las calles y sus nombres. No fue difícil, mucha gente corredora iba para el mismo lugar. Mucha gente salía de sus hoteles y las banquetas comenzaron a saturarse. La comunidad runner éramos el despertador de la ciudad ese domingo 12 de octubre.
De pronto la Torre de Babel ya estaba desatada, y que emoción ver a corredores de tantas nacionalidades ahí reuniéndose, todos con el mismo sueño y objetivo: Correr y cruzar la meta del Maratón de Chicago.
Preguntando con mi inglés "mocho" llegué al corral C, y con solo un poco de estiramiento pues apenas podíamos movernos entre tantos que éramos... pero todos felices, la atmósfera estaba llena de adrenalina, todos repartían sonrisas. Eramos una gigantesca fila repleta de energía, como una batería alargada, muy bien cargada y dispuesta a ir soltando esa energía por todas las calles de la ciudad.


Como me hubiera gustado que en esa "largada" estuvieran ahí muchos de mis amigos corredores, tantos que estimo y que admiro; al menos me acordaba que uno de ellos estaba en algún corral mas atrás, mi amigo de Tijuana, el señor Luis Morúa Aguilar. Que nos vaya muy bien amigo... si no logramos las marcas que queremos, al menos se que este evento lo vamos a disfrutar y que no nos rendiremos ante nada, y hemos de cruzar esta famosa meta, la de uno de los seis maratones mas importantes del mundo. 

De película
7:36 de la mañana y fue el turno de salir. Tan solo comenzar, que maravilla era sentirse en movimiento, ver a tantos compartiendo la misma locura; no por ser buenos corredores ni grandes maratonistas estábamos ahí, sino por ser adictos a las emociones, y a la curiosidad de ver el mundo con ojos propios mientras sientes como en cada zancada las emociones parecen querer desbordarse.

El público en parte era culpable de esto que uno sentía, ya que muchos gritaban enardecidos, apoyando a todos por igual, te conocieran o no.
Pasábamos por debajo de puentes, luego entre edificios, entre esos que en tantas películas de Hollywood se pueden ver. 
Fotos: Lucy Domínguez 
De cuando en cuando miraba mi reloj solo para ver si estaba manteniendo un buen paso. 
Íbamos en línea recta por LaSalle Drive, y debo reconocer que de repente no podía acelerar entre tanta gente, delante de mi y a los costados, los espacios ya estaban ocupados, pero en fin, mejor me relajaba y seguía disfrutando del "paseo".

¿Tu conoces a ese corredor?
Llegando por el km.5 reconocí el hotel donde nos hospedáramos y Lucy estaba ahí parada en la banqueta tomando fotos, hice pausa por pocos segundos y le di un beso. "¡Awww, how sweet!" (oh que dulce), le dijo una chica que estaba parada a su lado cuando ya me retiré, y un señor que con micrófono en mano anunciaba las bebidas que daban en el abastecimiento le preguntó a ella por el voceo: "¡Hey!, ¿tu conoces a ese corredor?".

El tiempo en los 5 y 10 kilómetros no era el esperado por mi, pero tampoco iba tan mal, y aunque la temperatura era la ideal para correr un maratón, la ruta si estaba resultando con muchas vueltas o esquinas que doblar. Por cierto me daba risa que no le atinaba a ninguna, porque yo iba a la derecha de la calle y había que doblar a la izquierda o viceversa, creo le atiné una sola vez, y esto porque uno es nuevo en la ciudad y no conoces la ruta, así que me tocó correr unos pocos metros mas, que a muchos que ya se la sabían.

¡Vamos México!
Como dejar de mencionar que por mi ocurrencia de poner el nombre de mi país en la camiseta, la gente no dejaba de exclamar sus palabras de aliento: "¡Vamos México!", "¡Viva México!", "¡Si se puede México!", etc. etc. y esto sería desde el inicio hasta el final.
Los miles de espectadores si que animaban, era en veces como la suma de todos los gritos en un solo grito enloquecido.

Ya no me estaba importando tanto el tiempo que pudiera hacer (mientras no fuera muy lento) por responder a los saludos de los que se referían a mi persona. Gente que estiraba sus manos buscando que los corredores tocaran las suyas con ellos, pero la gran mayoría decidía no darse por enterados, tal vez para no perder el enfoque y control de su paso, pero yo no pude contenerme y saludé a algunos, sobre todo y como en Nueva York lo hiciera, a los niños, que tan contentos se veían y habían asistido a formar parte fundamental del público que decidí "chocarla" (como decimos en México), saludando de esta manera sus manitas sentía que valía la pena estar ahí presente.
A la mitad de la ruta todavía la mayoría íbamos "enteros", pero ya algunos aflojaban el paso y no faltaba quien ya caminaba.
1:43 horas llevaba y sabía que no sería mi maratón mas rápido, sin embargo ese es un detalle que solo a cada corredor le interesa de forma muy personal, una nueva marca para la cual se preparó y entrenó. Lo relevante cuando has viajado a otra ciudad es disfrutar de todo lo que ante tus ojos es novedoso, de la completa experiencia.., en mi pensamiento no dejaba de agradecer a Dios por el solo hecho de estar ahí, de formar parte de un evento tan importante.

The wall
Después de pasar el km.30 estábamos literalmente invadidos por espectadores mexicanos, creo ahí era el Mexican Town, y hasta música de mariachi se escuchaba, y el "Vamos México" sonaba mas constantemente.
No faltaba quien amablemente ofrecía servilletas para el sudor, vaselina para rosaduras, frutas y hasta cervezas, "ya me tomaré una llegando a la meta, ahí me la mereceré", pensé.


Muchos ya iban lento, y como epidemia todos al mismo paso, pero me llegó mi turno por el km.35 cuando la ciática decidió atacar (me tomó por sorpresa pues ya no me había causado molestias), como si fuera una larga cuerda de un violoncelo que es jalada para sonar fuerte, el dolor se intensificó en tres segundos, me asusté pues el malestar subió por todo el costado
izquierdo de mi cuerpo, incluso a la altura del pecho. Me detuve, no tuve de otra y me puse por espacio de un minuto un poco de hielo. No quise perder mucho tiempo, pero lamentablemente el susto me hizo cambiar a un paso mas lento, no me fuera a dar de nuevo... me sentí algo triste por eso, pues hasta en el maratón de San  Diego con una ruta muchisimo mas complicada la pude manejar muy bien, sin dolores y logrando un buen tiempo al final.

Una vez pasado el susto, lo olvidaba y trataba de acelerar. Era el momento en que el chip en la cabeza cambia, ahora solo pensando en: "Ya estoy cerca y tengo que llegar cueste lo que cueste".
De improviso me llevo una grata sorpresa, a un lado de mi, a mi derecha estaban las letras gigantes posadas sobre el suelo, las que dicen CHICAGO, las mismas que estaban en la expo y que algunos firmamos. Al llegar a la letra H donde había puesto mi nombre lo ví, ahi estaba mi nombre que 2 días antes con gran entusiasmo me dio por escribirlo; nadie lo había borrado ni encimado su nombre sobre el mio, y es que el respeto de unos runners a otros a veces es increíble!... con nuevo shot anímico continué, faltaba muy poco.

"No dejes de hacer las cosas que te funcionan"
Ultimas tres millas y vamos por el onceavo maratón. Mientras avanzaba me daba cuenta que ya no era tanta gente como cuando comenzamos, y es que llegar cuesta, como a mi me estaba costando.
Los paramédicos corrían con su camilla en sentido contrario, iban por algún caído. Después me enteraría que cerca de 800 corredores fueron atendidos, de los cuales 24 fueron llevados al hospital y que uno de ellos estuvo en estado crítico.
Michigan avenue y mi paso mejoraba; por orgullo siempre procuro que por lo menos mis maratones queden debajo de las cuatro horas. Pensaba en que era por la incómoda cama del motel, que en ninguna de las noches pude dormir muy bien, eso pudo haberme afectado. La gripa de la cual apenas, supuestamente había salido, quizás aun me había quedado con síntomas (prometo no volver a correr fuerte con vientos de Santa Ana faltando una semana para alguna carrera importante), y esa serie de ejercicios de estiramiento especial que realizo cada mañana para que la ciática no moleste, confiadamente no la hice, como me hicieron falta. Moraleja: "No dejes de hacer las cosas que te funcionan" y "No te arriesgues con lo que sabes que te puede afectar".

La meta
En 42.195 kms. tenemos tiempo para pensar en estos y muchos mas asuntos, hay tiempo para dedicar con el alma y el pensamiento, el esfuerzo que se está realizando a los que ya no están con nosotros físicamente pero si en el corazón. También recuerdas a la familia y a las amistades que siempre apoyan incondicionalmente. Hasta llegas a pensar ¿Porque me meto en los maratones si también me ponen a sufrir?, pero sabes, concluyes que el esfuerzo lo vale, que al cruzar la meta la satisfacción será enorme, que no importa lo cansado o adolorido que hayas terminado, vas a querer  hacer otro en pocos meses mas adelante, aunque en ese momento digas: "¡No mas kilómetros para mi, con esto tuve suficiente por muchos días!".
Y como pocas veces al llegar, al ver el arco de la meta, me dio un gustototote!, pues no era la meta de cualquier maratón, era uno de los "majors" y solo hay 6 en el mundo. 
Que doliera lo que quisiera ya, aceleré y cruzé esa hermosa y gloriosa meta!
3:51 horas, ni el mas rápido ni el mas lento de mis maratones, mas es único para mi por haberlo vivido en Chicago asi tal como fué.

El Maratón aun no terminaba
Me pusieron mi medalla y no paraba de agradecer las atenciones que nos brindaban. Me la colgaron en el cuello y la miré, ¡me encantó!..., aunque entregarían miles igualitas, esa estaba destinada para mi. Eran los instantes en que la satisfacción y sensación de logro están a flor de piel.

Daban cerveza, me bebí un buen vaso, ahora si,  y a caminar la llamada Milla 27, rumbo a las áreas de reunión. Si que fue larga y lenta la caminada.
Finalmente llegué a la letra H, y Lucy ahí esperándome, que emoción y ternura me dio verla esperando y ella aun no se percataba de mi presencia. 
De regreso al hotel había que caminar mas, y daba la impresión de que el maratón duraría todo el día, y no me refiero a la caminata sino a las felicitaciones de la gente en la calle, dentro del metro, al salir de el y también dentro de algún restaurante o tienda, a donde fuéramos no faltaban los: "Congrats", "Good job for finishing the marathon", "Congratulations, well done"... y todo por que portas con orgullo la medalla, con la que les dices sin hablar: "Si yo pude tu también puedes hacerlo". 

En resumen, así es la magia del maratón. La misma que logra que te preguntes: 
¿Cual será el siguiente?....

Por: Hector Buelna
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